miércoles, 4 de mayo de 2011

Otro gran "demócrata" soriano





















Los que tengan un poco de memoria fotográfica, recordarán que el cantante valenciano Nino Bravo era prácticamente el sosias, el hermano gemelo, el doppelganger de otro curioso personaje, al que habría que echar de comer aparte: Gabriel Cisneros Laborda, más conocido como Gaby, y, para los muy íntimos, como El Tarazonica, a causa de su nacimiento en la Tarazona aragonesa.
En 1973, cuando dio a luz el famoso “Espíritu del 12 de Febrero” Gaby tenía unos 32 años y tras de sí una fulgurante carrera política marcada por el tono indeleble del azul mahón falangista, que no hacía presagiar –ni de lejos- su fundamentalismo demócrata y constitucional de años posteriores.
A Gaby le faltaban pocos meses para alzarse con el santo y la señal de la sedicente apertura protagonizada por el ínclito e inefable Carnicerito de Málaga¸ Carlos Arias Navarro para el Siglo. Porque fue nada menos que El Tarazonica quien perpetró aquel cúmulo de incoherencias y falsedades que luego se conoció como Espíritu del 12 de Febrero y que pretendía conciliar a José Antonio con Montesquieu sin olvidarse, por el camino, de seguir fusilando o agarrotando gente. Por ejemplo, al pobre Puig Antich, metido en el lote –por el mor de criminalizarle- con un asesino común, el alemán Heinz (entonces tenido por polaco). A Heinz se le añadió para colmar la medida y este hecho fue rememorado, ya comenzada la transición, por el grupo Els Juglars en su obra teatral La Torna. La torna es –o era- en Cataluña, el trozo de pan que se añadía a la barra u hogaza para completar el peso.
Tampoco podía saber Cisneros (hay apellidos que marcan) que mucho después de todo esto un comando de ETA intentaría secuestrarle y que, ante su resistencia, le dispararía en el estómago, dejándole dolorosas secuelas de por vida. Ni mucho menos que iba a ser uno de los Padres (¿) de la malparida Constitución del 78...
No, en aquellos días, si Gaby hubiera vuelto al vista hacia atrás, hubiera recordado sus orígenes falangistas en la Centuria “Trafalgar”, ya en Soria, o la beca que la Delegación Nacional de Juventudes le otorgó graciosamente para que estudiara Derecho en Madrid y fuera formándose como cachorro del Régimen. Fue nada menos que el número dos de su promoción (Habría que preguntarse quién carajo sería el número uno ¿Heinrich Himmler?, o José María Barrionuevo, entonces alto cargo del SEU y compañero de fatigas de Gaby en el Ministerio de Trabajo) en el curso de Instructores de Formación Política de Hondarribia (entonces, todavía, Fuenterrabía) y ya número uno en el curso de Jefes de Falange celebrado en el campamento “Francisco Franco” en el Raso de la Nava de Covaleda en 1955. O que, en 1961, con motivo de los 25 años de la “exaltación” (¿) de Paca la Culona (más conocido como Francisco Franco Bahamonde) a la Jefatura del Estado, escribió –Gaby- “de su puño y letra” (aquí debe haber algún error en la gacetilla que sigo, porque sería de su “palma y letra” en todo caso, los puños estaban prohibidos) el mensaje de la juventud española al Caudillo, ofrenda floral que, por lo visto “alcanzó una gran resonancia nacional”.
Hacer aquí la lista de los cargos y mamandurrias de que gozaba y gozó Gaby durante su fértil vida política sería interminable y aburrido, pero choca que compatibilizara cargos de relumbre con modestas encomiendas, seguramente pane lucranda, como el ejercer de humilde profesor de una de las dos o tres marías (La Formación del Espíritu Nacional) en el para mí desconocido “Hogar San Fernando”.
Demos, no obstante, algunos datos. En 1961 fue nombrado vicesecretario general de Departamento de la Jefatura Nacional del S. E. U. Al año siguiente, en fecha tan emblemática como pueda ser el 20 de noviembre pronuncia en Alicante su conferencia “José Antonio: una poética para los años 60”.
Ay! Gaby, me parece que la juventud, por esos años, estaba más atenta a otras poéticas, con perdón. Ojo al dato: nuestro hombre elige una hora que se las trae para impartir su hermenéutica joseantoniana, “en la madrugada”, dice –lacónica ella- la gacetilla laudatoria y hagiográfica. La hora, lo habrá adivinado el curioso lector, en que le dieron mulé al hijo del dictador en la prisión de Alicante, es decir, allí mismo. Véase el prodigio aristotélico, unidad de lugar, de tiempo y –sobra el decirlo- de identidad ideológica, hermanados totus tuus en la poética y dialéctica de los puños y las pistolas. Y sin darse por aludidos, ni el incensado ni el incensador, de la máxima bíblica de que a quien a hierro mata, a hierro muere y que quien siembra vientos, recoge tempestades.
En el currículo se pretende colar como “libro de viajes” uno titulado “SORIA”, que en realidad es el volumen correspondiente a esta provincia de la serie editada por el Movimiento Inmóvil para autocelebrar “sus” 25 años de Paz (de los cementerios), es decir, un tocho infumable plagado de estadísticas triunfales en un año (1964, creo recordar) que marca el momento más álgido del desangramiento dramático de la provincia. La gente cogía el portante a un ritmo de unos 8 o 10.000 al año, y el Gaby vendiéndonos la burra...
Este caballerete, porque entonces lo era, que aún no había alcanzado la edad de Cristo ni -ya que estamos en ello- la de José Antonio, tenía el derecho a prender en su pecho (perdóneseme el ripio involuntario), suponemos que bien a la derecha, en su chaqueta blanca movimental, el “Victor” de bronce (Oohhh) del S.E.U. (cisnecillo incluido, sospechamos) y la Encomienda –sólo aparentemente tautológica, porque me imagino que se refiere a otro, al cardenal de marras, ese que guardaba la artillería de campaña en un patio- Orden de Cisneros...


















Antonio Ruiz Vega

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